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sábado, 24 de junio de 2017

CUANDO VOTAMOS, ¿SABEMOS QUE ESTAMOS VOTANDO?

No es casualidad, ni una ocurrencia de Macri la quita de beneficios sociales a los ancianos, a los discapacitados, y en general a los más vulnerables. Esto es parte del mandato del poder global.

Recordarán que en el primer encuentro que tuvieron, Bush le obsequió un libro a Néstor. Ese libro es "Ensayos sobre el principio de la población" cuyo autor es Tohmas Malthus, aquel clérigo inglés que influyera en generaciones de economistas liberales que se formaran bajo el influjo de sus teorías de economía política y control demográfico. En este libro, de cabecera de esa legión de economistas desde hace más de doscientos años, se sostiene que es imprescindible el control demográfico, y para ello propone recetas contundentes en las que la economía está por encima de las emociones y los sentimientos. Y los humanos somos eso, algunos y no otros. El admirado Malthus sostenía que el crecimiento de la población se producía en progresión geométrica, mientras que la de alimentos era aritmética –falso- por lo que la hambruna sería inevitable salvo que se tomaran severas medidas, a las que llamó “frenos u obstáculos” y las discriminó en preventivos y positivos. Entre los preventivos menciona la abstinencia, o prudencia en las costumbres sexuales y el retraso en la consumación de los matrimonios, esto referido siempre a los más pobres. Pero en los paradójicamente llamados positivos manifiesta que “la cantidad de provisiones consumidas en los asilos, para alimentar a una parte de la sociedad que, en general, no puede considerarse como la más valiosa, disminuye la parte que de otro modo (con la supresión de tales leyes) correspondería a habitantes más industriosos y más últiles”.Remata Malthus esto diciendo: “estoy persuadido que si no hubieran existido nunca en este país las leyes de beneficiencia,(hoy para nosotros laborales y sociales) aunque es posible que hubiera habido unos cuantos casos más de aguda miseria, la suma de felicidad entre la masa del pueblo hubiera sido mucho mayor de lo que es al presente.” Agregaba que el casamiento de un pobre es un acto a “todas luces inmoral” porque traerá al mundo una prole que no podrá mantener, pero que esto no debía ser castigado por la sociedad, ya que el castigo previsto por las leyes de la naturaleza lo harían con mayor severidad, puntualizando que “cuando la naturaleza se encarga del gobierno y castigo en lugar nuestro, es una ambición bien mísera el querer quitarle de la mano el palo y atraer sobre nosotros el odio que siempre recae sobre el ejecutor de la justicia. Debe simplemente negársele todo socorro social y dejarlo abandonado al socorro inseguro de la caridad privada, así verá que las leyes de la naturaleza que son leyes divinas, le han condenado a él y su familia al sufrimiento por desobedecer sus repetidas advertencias".
Quitar los remedios a los jubilados, y la pensión a los discapacitados, ¿Qué es sino dejar que “las leyes de la naturaleza castiguen con severidad” a estos hombres y mujeres “menos industriosos”? Entonces, aquellos que no tengan un familiar con capacidad para ocuparse de ellos, cuidarlos, y mantenerlos, están condenados a muerte. Pero claro, según Malthus y éstos, sus discípulos, no serán ellos los verdugos, sino la naturaleza.
Hasta aquí parte del plan neoliberal global extremo que se está aplicando a todos los países donde se consigue imponer con el uso brutal de la desinformación y las operaciones de desprestigio de los gobiernos que no estén dispuestos a servir a esa pequeña porción de empresarios globales que disponen quienes viven y quienes mueren para que sus imperios económicos se agiganten. No olvidemos que sesenta y dos empresarios poseen una fortuna superior a la suma de lo que detenta más de media humanidad.
Ahora, bien podríamos decir que nuestro problema, más que ellos, somos nosotros. Y aquí viene entonces la pregunta del título, ¿Votamos con conciencia?, o votamos con la propaganda de la televisión, la radio y los diarios. La respuesta está dada por la realidad que nos dejó la última elección y la conducta posterior de quienes, engaño y estafa mediante, ganaron para gobernarnos. Claramente hemos votado como los medios de comunicación monopólicos han pergeñado. Sabíamos que votábamos empresarios neoliberales. No podíamos ignorar en consecuencia que gobernarían como tales, sin apego a las consecuencias sociales de administrar para sus mezquinos intereses corporativos. Alegar engaño sería reconocer un grado de estupidez alto en gran parte del electorado, y eso va por cuenta de cada quién.
Permitimos que nos llenen de odio con campañas en contra de lo que dieron en llamar “populismo” como una tragedia nacional. Nos llenaron de odio despreciándonos y haciendo que nos despreciemos entre nosotros. Nos dijeron que el país estaba en ruinas mientras teníamos los salarios y jubilaciones más altos de América Latina en dólares. Nos dijeron que no teníamos libertad porque no podíamos acceder a la compra de dólares sin explicar el origen del dinero. Porque los que no podían ni podrán nunca explicar el origen del suyo son ellos y por eso tienen cuentas en paraísos fiscales. Nos llenaron de odio hablando de una supuesta pesada herencia mientras recibían uno de los países más desendeudados del mundo y ahora toman deuda por más de cien mil millones y emiten bonos a cien años.
¿No es como mucho todo esto como para que sigamos discutiendo si este gobierno tiene algún interés compatible con el de los argentinos? Es mucho, sin dudas. Es hora de no aceptar justificaciones de ninguna naturaleza respecto de este giro brutal en contra de los intereses colectivos. Mucho menos de nuestros propios representantes en el Congreso. Para ello, nunca más un diputado o senador electo por el campo popular que vote proyectos de este gobierno traidor como ha ocurrido hasta hoy con el grupo que le permitió destruir derechos. Votemos en defensa propia. Nunca más a favor de nuestros verdugos.

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